Más que un arte, gobernar es 'ciencia'

Resulta curioso que la cantidad de opiniones expresadas por ciudadanos “comunes” al respecto de la posible velocidad ultralumínica de los neutrinos sea tendiente a cero, mientras que en temas como partidos políticos, elecciones, economía, reformas legislativas, etc., abunden opiniones provenientes de todos los estratos académicos y sectores sociales.

Por ejemplo, difícilmente tendríamos con un taxista una conversación sobre las ventajas y desventajas de que el programa espacial norteamericano sustituyó el uso del transbordador por las cápsulas Soyuz; o con el panadero sobre los experimentos realizados para comprobar que el Giardia duodenalis sí tiene nucleolo. Sin embargo, fácilmente podremos encontrar personas que nos den “cátedra” sobre cómo resolver los problemas fiscales del país o el problema del tráfico en la ciudad.

Y es que como dice Eduardo Punsent: “Cuando la gente piensa en física o en la química piensa que se trata de temas para científicos. En cambio, no piensa así cuando habla de ciencia política o de ciencias económicas”.

Cuando un joven decide que su vocación profesional está en el área de las “ciencias duras” lo hace sabiendo que deberá estudiar y prepararse a conciencia durante muchos años. En cambio, en general, cuando alguien decide militar en un partido político u ocupar un puesto gubernamental no se considera la necesidad de estudiar previamente Historia, Geografía, Sociología, Derecho nacional e internacional, Administración pública, Ciencia Política y Filosofía.

Mientras que colectivamente consideremos que la solución de los problemas nacionales puede realizarse desde la mera opinión personal y no como resultado de un análisis científico y de un profundo proceso reflexivo, el país será incapaz de superar sus dificultades.

No se trata de que la ciudadanía se “lave las manos” y deje la tarea de decidir el destino de la nación a los “expertos reconocidos”, porque eso equivaldría a matar a la democracia, pero sí se trata de ser conscientes de que las temáticas nacionales requieren de reflexión y de conocimiento. En la medida de que la ciudadanía acepte esta verdad, los políticos se verán obligados a estar cada vez más capacitados para gobernar y pensar claramente las propuestas de campaña y las políticas públicas que apliquen.

Mientras que el ciudadano crea que basta el “sentido común”, o la “buena fé”, para atender las dificultades nacionales, entonces aceptará que otros vengan a ofrecerle soluciones de “buena fé” o de “sentido común” en lugar de respuestas serías, científicas y verdaderas.

Por ejemplo, ante el problema de la criminalidad el “sentido común” ha dictado una solución que se repite continuamente, al punto que ya parece cliché: “Hay que equipar y entrenar a nuestros policías”. De cajón, para afirmar eso se debería haber hecho previamente un estudio que demostrara fehacientemente que, en efecto, la criminalidad se ha disparado por la falta de equipo y de entrenamiento. Puede que sea cierto, pero también puede ser que la delincuencia elevada sea producto de la incapacidad social de prevenir el delito, de la falta de compromiso del ministerio público, de las diversas carencias de nuestro sistema penitenciario, la crisis económica, la influencia de la luna (obviamente es un chiste), o cualquier otra variable o conjunto de ellas. La única forma de saber con certeza cuales son los factores que favorecen el crecimiento de la criminalidad, y en qué medida lo hacen, es realizando diversos estudios con metodología científica. Una vez hecho esto, entonces podríamos con confianza proceder a enunciar las soluciones, que por cierto también requieren de reflexión y de método.

Supongamos que después de estudiar el problema se ha comprobado que LA SOLUCIÓN (así con mayúsculas porque se comprobó) es equipar y entrenar a los policías. Bajo el esquema del pensamiento actual, un candidato podría decir esto y los votantes lo comprarían. Sin embargo, bajo el esquema de una ciudadanía seria y madura de la que hablo, esto no bastaría porque hace falta responder una gran cantidad de preguntas: ¿Capacitarlos en qué? ¿Exactamente qué debe saber un policía? ¿Armamento? ¿Qué tipo armas? ¿Qué tipo de técnica? ¿Leyes? ¿Cuáles y a que profundidad de conocimiento? Vamos pues, hay que armar todo un temario detallado. Luego viene es cómo se le va a enseñar, ¿con un libro de texto? ¿Quién lo va a escribir? ¿Con qué formato? ¿Con vídeos? En general, ¿qué técnicas docentes se van a usar? ¿Quiénes serán los profesores? ¿Cómo sabremos si los profesores son adecuados? ¿En dónde se van a educar a los alumnos? ¿En las calles, en edificios prestados o construimos una escuela especial? ¿Tenemos dinero para ello? ¿Cuánto y en qué tiempos? Con respecto al equipo, ¿Qué equipo? ¿De qué color? ¿de qué material? ¿Con qué otras especificaciones? ¿Lo compramos o lo fabricamos? Si lo compramos, ¿a cuál empresa? ¿Por qué esa empresa y no otra? ¿Cómo controlamos su venta para que no existan policías falsos? ¿Qué tipo de armas? ¿Por qué esas y no otras? ¿Tenemos los permisos de portación? ¿Cuántas municiones necesitamos? ¿Por qué esa cantidad y no más o menos? En transporte, ¿patrullas? ¿Bicicletas? ¿Caballos? ¿Dónde se van a guardar? ¿Quién les va a dar mantenimiento? ¿Cuánto va a costar mantenerlos y por cuánto tiempo serán útiles? Etcétera, etcétera, etcétera…

No bastan los “qués”, también es necesario los “cómos”, y sobre todo los “por qués” de los “qués” y de los “cómos”.

Las decisiones gubernamentales no se pueden tomar a la ligera porque sucedes casos como el de la PGR, que siguiendo el “sentido común” decidió el sexenio pasado “sanear” sus filas y despidió a personal sin pensar demasiado la logística que debía emplear para ello. Al final terminó pagando varios millones y recontratando por obligación legal a todos esos empleados que había “saneado” por haber reprobado los exámenes de confianza. Gobernar bien no es fácil, requiere de los profesionales.

Recuerdo que en abril de 2006 la entonces candidata presidencial Patricia Mercado decía que los mexicanos debemos librarnos de la idea de que existen soluciones mágicas o rápidas para los problemas. Creo que tiene razón, debemos aceptar que el mundo es muy complejo y que para enfrentarnos a él necesitamos tomadores de decisiones y burócratas altamente capacitados, consientes de su papel histórico y que actúen con la metodología propia de un profesional comprometido.

La ciudadanía debe aceptar el reto de capacitarse para poder juzgar correctamente si nuestros burócratas y líderes cumplen esos requisitos, o bien para que de las filas de una ciudadanía madura surjan los líderes que el país requiere.

“Libérense de la idea de que existen las soluciones mágicas. Los políticos tradicionales usarán todo el maquillaje necesario para pretender que solucionan problemas, en vez de resolverlos con responsabilidad. Somos los ciudadanos libres los que tenemos que acabar con la simulación y asumir que las verdaderas soluciones requieren tiempo y enfrentar los problemas con la verdad. Llamando a las cosas por su nombre. Los cambios toman tiempo. Nada se resuelve en 15 minutos. ” Patricia Mercado

Sin cometer el error de dejar los temas políticos para los políticos, no caigamos en la soberbia de pretender resolver sin estar capacitados. ¡Capacitémonos! ¡De ello depende nuestro futuro!