Catarsis medieval del 21D en tres actos


Los 3 Dias de Oscuridad – Cristian Contreras… por migdelisrodz

I El necesario desahogo II El Análisis y el sosiego III La reconciliación

Un fantasma recorre el mundo: es el fantasma de la superstición, la ignorancia y el miedo. Ya antes las sociedades humanas habían dado pruebas de su generalizado desconocimiento (reflejado, aún en las ciudades más cosmopolitas, en horóscopos astrológicos, personas portando power balance, o ‘agujitas’ para bajar de peso, ‘santitos’ milagrosos, amuletos, agua ‘ionizada’, cuarzos, intolerancia religiosa, y una larga serie de locuras mágicas), pero el 21 de diciembre y sus días previos fueron concluyentes: la humanidad está voluntariamente enfrascada en el medievo.

En general podemos afirmar que al igual que hace siglos, las personas prefieren pensar como niños antes que como adultos. Les es más cómodo ignorar sistemáticamente el conocimiento formal y científico acumulado durante toda la historia, para simplificar la realidad al extremo e imaginar que el mundo es de buenos y malos, de princesas, dragones y valientes héroes; de problemas que no se solucionan con trabajo sino con un pase de manos acompañado de palabras mágicas. Un mundo donde la felicidad no es producto del continuo esfuerzo sino de esparcir polvo de hadas en el aire ¡Cuánta ingenuidad!

Es tanta nuestra afición por lo absurdo que, ante el infundado mito del fin del mundo o del ‘cambio de era’ (sic), preferimos utilizar la capacidad globalizadora de internet y de los medios de comunicación masiva para difundir el miedo en lugar de esparcir el conocimiento. Tan efectiva fue esta perniciosa difusión del oscurantismo, que inclusive en lugares tan remotos como China, nación en la que me consta hay personas que no saben que existe México, las mentadas profecías mayas causaron estragos. Tantas fueron las regiones afectadas por el estúpido rumor, que autoridades laicas como eclesiásticas se vieron en la penosa necesidad de emitir comunicados al respecto. ¡Es como si la Asamblea General de Naciones Unidas se pronunciara por advertir a los niños que el ‘coco’ no existe! ¡Qué vergonzoso! Qué lamentable…

Si bien era previsible y hasta justificable que las personas menos preparadas y de estratos menos beneficiados de la sociedad se creyeran la basura del 21 de diciembre, me parece increíble, inaceptable e injustificable que ciudadanos con suficiente capacidad adquisitiva y con estudios universitarios se tragaran tonterías tales como “rayos fotónicos”, “quinta dimensión”, “tercera hebra del ADN”, “salto cuántico de era”, “Nibiru”, y otras tantas supercherías. ¡Pareciera que jamás han tomado un curso de física!

En México únicamente 3 de cada 10 estudiantes que ingresan a primaria llegan a universidad. Se quiera o no, por mera estadística todos los que pisamos las aulas superiores somos parte de la élite cultural de este país, lo menos que se espera de nosotros es que difundamos la verdad científica, y no ser propagadores de la ignorancia y el miedo. El sólo hecho de que un universitario preste oído a tonterías esotéricas debería ser causal suficiente para retirarle el grado académico ¡y de ser posible incluso suspender su ciudadanía!

¡Los medios de comunicación masiva habrían de valorar por encima de las ganancias económicas el efecto social de los mensajes que transmiten! Con programas tan estúpidos, como el citado arriba, no hacen más que contribuir al ostracismo cultural, del cual son cómplices y víctimas los políticos profesionales que sistemáticamente ¡menoscaban el espíritu del Art.3 constitucional y los ideales liberales que dieron vida a nuestra carta magna! ¡Clérigos y estafadores esotéricos también deberían sentir vergüenza de sus actos! ¡La ciudadanía irresponsable haría bien en dejar de esperar que otros, fuerzas místicas o terrenales, resolvieran sus problemas! La humanidad en su conjunto debería dejar el medievo atrás y empezar a vivir en el siglo XXI.

Vivimos en el seno de una sociedad que depende en forma profunda de la Ciencia la tecnología y en la que nadie sabe nada acerca de estas materias. Esto constituye una fórmula segura para el desastre.
Carl Sagan

I El necesario desahogo II El Análisis y el sosiego III La reconciliación

Hace un año, a finales de noviembre de 2011, cuando la fiebre maya apenas cobraba fuerza, una compañera de la oficina recibió un correo electrónico que contenía una presentación power point en la que el autor, usando sofisticadas palabras pseudocientíficas, afirmaba que las profecías habían sido mal interpretadas, que “no se trataba del fin del mundo” sino del “cambio de era” (sic). Aunque cada diapositiva era una tontería más grande que la anterior, mi compañera se preocupó por el futuro cercano y pidió mi opinión al respecto.

En un primer momento creí que se trataba de una broma y estuve a punto de soltar la carcajada (como sí hice con el video enlazado arriba), pero al ver en el rostro de ella que su preocupación era sincera, hice un esfuerzo por mantener la serenidad y procedí a explicarle a grandes rasgos el por qué cada cosa dicha en la presentación era una mentira.

Al día siguiente, en la hora del almuerzo mi compañera puso de nuevo el tema sobre la mesa. Según ella, la noche anterior había “investigado un poco” y había encontrado en internet muchos sitios que secundaban lo dicho en el correo. Yo no daba crédito a lo que oía, pese a ser una mujer académicamente preparada y realizar su trabajo con compromiso y alta eficiencia, estaba argumentando a favor de la existencia de un supuesto “rayo fotónico” que la Tierra pronto atravesaría, y que nos obligaría a un “cambio de conciencia sin precedentes” (doble sic). Regularmente en situaciones como esta prefiero asentir cortésmente y retirarme, pero como a ella le admiro por sus capacidades laborales y le quiero por sus virtudes personales, decidí entrar al debate y ser más detallado en mi argumentación.

Durante esa comida y la del día siguiente desmenucé para ella los conocimientos básicos de física, química y biología que todo bachiller debe tener al finalizar la educación media. Puntualmente demostré la falsedad de cada una de las diapositivas contenidas en el .ppt. Ella prestó atención a mis palabras y dibujos, participó con preguntas, contra argumentó e hiló conclusiones. Todo salió muy bien pero al final el esfuerzo fue inútil: aunque moderó sustancialmente su postura, prefirió seguir albergando la posibilidad de que al final del próximo año todo el conocimiento científico actual estuviese equivocado para que efectivamente la profecía se cumpliera. Así, sin argumentos para defender el “cambio de era”, vivió el 2012 esperando discretamente la “renovación de conciencia” (sic) que obviamente nunca llegó.

Tiempo después, en julio de 2012, el blog Ojo científico mostró respuestas dadas por la NASA al respecto de las profecías del 21D. En los comentarios vertidos por los lectores encontré básicamente dos posturas: los que agradecían la información y se mostraban más tranquilos ante el porvenir, y los que, pese a la información, decidían al igual que mi amiga seguir creyendo que “algo”, lo que fuese, pasaría en diciembre.

Comentario vertido en http://www.ojocientifico.com/4107/que-pasara-el-21-de-diciembre-del-2012-segun-la-nasa

Comentario vertido en http://www.ojocientifico.com/4107/que-pasara-el-21-de-diciembre-del-2012-segun-la-nasa

En general, en sus comentarios los lectores creyentes del “cambio de era” evitaban argumentar lógicamente, y apelaban a la divinidad y particularmente al desconocimiento actual de la ciencia moderna. Según su lógica, cualquier cosa es posible porque “la ciencia aún no tiene todas las respuestas”. Efectivamente, hay una infinidad de cosas que desconocemos, pero no por ello pierde validez lo que ya sabemos, y desde hace ya bastante tiempo la ciencia tiene las certezas suficientes para saber lo que ahora todos, incluidos los creyentes, comprobamos: el fin del mundo y el ‘cambio de era’ son puros cuentos chinos mayas.

Desconozco por qué las personas somos tan reacias a aceptar nuestros errores con respecto a nuestras creencias. Tal vez tenga razón la expresión de la cultura popular que afirma que es más fácil engañar a un hombre que hacerle aceptar que ha sido engañado. Tal vez nuestro sensible ego sea lo que nos impide reconocer nuestra ingenuidad y crecer, o tal vez sea nuestra pereza o  irresponsabilidad, o un poco de ambas, lo que nos mueve a pensar mágicamente la realidad. Sin duda habría sido grandioso que la mañana del 22 de diciembre todos los déspotas, salvajes y criminales del mundo hubiesen cambiado para bien sin hacer esfuerzo alguno, y que las enfermedades y el dolor desaparecieran por arte de magia. Pero por muy bella que sea esta visión, no pasó ni pasará, porque el mundo no funciona así.

Ningún hechizo, ninguna profecía, ningún instrumento mágico o cuasi-mágico, ningún mesías y ni ninguna alineación cósmica, resolverán nuestros problemas o calmarán nuestros miedos. La solución a nuestro sobrepeso no está en el punta de una aguja china de mil años de antigüedad; la cura a nuestra enfermedad no llegará en el incienso de un curandero o en un chochito de alcohol; la salida de nuestra depresión no está al final de una botella o en polvo blanco alineado sobre la mesa; la prosperidad económica no viene en ropa interior de color amarillo; nuestras incertidumbres no desaparecerán consultando los astros; nuestras deficiencias afectivas no serán satisfechas con costosos regalos; nuestros muertos no revivirán en la voz de un estafador; nuestra ignorancia no desaparecerá sólo con la edad; no hay Gaia que resuelva el problema ecológico; la solución de los problemas sociales no cuelga del muro de algún templo ni viene en la nave de un extraterrestre; el castigo a los criminales no les será dado tras su muerte; el sentido de nuestra existencia no viene escrito en ningún libro; los rezos no llevan la justicia a los desposeídos; por si solas las buenas intenciones siempre son insuficientes. La responsabilidad de nuestro pasado, presente y futuro sólo depende de nosotros y de nadie más.

Ya va siendo tiempo de dejar atrás el siglo VII, superar nuestros resabios medievales y de asumirnos como Ciudadanos modernos.

POLASEK_Man_Carving_His_Own_Destiny_1961_BGG_source_sandstead_d2h_01

El hombre es el arquitecto de su propio destino.

I El necesario desahogo II El Análisis y el sosiego III La reconciliación

Corren las postrimerías del 2012 y sé que algunos de mis conocidos de la vida real, y de mis seguidores en twitter y facebook, están resentidos por el cúmulo de comentarios que realicé durante todo el ciclo calendario que termina. Sé que no siempre fueron constructivos, y que en un par de ocasiones se me pasó la mano en la burla, pero no os pediré disculpas por haber calificado de estúpidas las supuestas profecías porque aún las considero así, me sigue pareciendo idiota el “rayo fotónico” y el ‘cambio de era’, sigo pensando que es ingenuo suponer que ”acuario” vendrá a salvarnos, y creo que sólo faltando a la razón es que podríamos tomar como ciertas estas locuras. Pero no por ello los desestimo a ustedes. Nuestras diferencias ideológicas no deben ser motivo de rencores, la crítica a vuestras ideas nada tiene que ver con vuestra personalidad, mi opinión sobre sus creencias no altera ni mi sentir ni mi opinión de ustedes como personas. Les quiero y les estimo por lo que hemos vivido juntos, por lo que compartimos, por aquello en lo que coincidimos y por lo que son, y no por las cosas en las que creen.

Contrario a lo que popularmente se piensa, la tolerancia no es aceptar a regañadientes y en silencio que el otro diga locuras, tampoco es evitar calificar de estúpido algo que consideramos que lo es. No, la tolerancia en democracia no es esa hipocresía de las ‘formas’ bien guardadas, la verdadera tolerancia consiste en saber discutir y enfrentar nuestras ideas sin menoscabar nuestra relación y sin personalizar el disenso. Los buenos demócratas saben que sin importar la intensidad y lo fiero del debate argumentativo, siempre se encuentra por encima nuestra condición humana, y comprenden que no es lo mismo decir “vuestra idea es tonta” a decir “usted es un tonto”.

Así, limpias las heridas, iniciemos el siguiente año listos para seguir debatiendo y aprendiendo juntos.

  • Ricardo

    Muy bonito su post, se expresa con vehemencia un sentir bien justificado. Estoy de acuerdo con el apartado #3. Sólo me gustaría hacer notar algo, que de ninguna forma descalifica su argumento, pero es importante, como usted mismo lo menciona, difundir la verdad científica. En la naturaleza sí existen -favor de subrayar- segmentos de cadenas de ácidos nucleicos conformadas por tres hélices, huelga decir, resultado de una insoslayable y anfractuosa historia evolutiva, y no de un evento místico reciente. Para ampliar y contrastar la información, a modo de evitar una perorata sin sentido, le dejo el vínculo a un artículo que habla del tema y, por si le queda duda -después de todo, darle crédito a un solo artículo sería caer en el peligroso principio de autoridad- le invito a seguir revisando el tema:

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3218511/

  • Actualización: El video enlazadao había sido borrado en su fuente original, ya solucioné el problema. Actualicé también algunos links presentes en el artículo.