Chávez: la seducción de la fantasía

En cierta ocasión, un ex-embajador mexicano en Cuba me comentó que durante su estancia en la isla enfermó de dengue, y como en aquel entonces el régimen castrista pregonaba que la enfermedad había sido erradicada, el médico que le atendió le recetó los fármacos adecuados pero le diagnosticó influenza. Pese a la insistencia del embajador por cambiar el diagnóstico, el doctor no quiso arriesgarse a contrariar el discurso oficial: en Cuba el gobierno socialista había erradicado el dengue y no había lugar para discutirlo.

Definitivamente mentir y ‘maquillar’ la realidad no es una práctica exclusiva de la izquierda o de la derecha, ambas tendencias políticas recurren al engaño. En realidad, la diferencia entre un gobierno democrático y transparente y uno autoritario y opaco no está en el espectro político, sino en la cantidad de recursos y esfuerzos destinados a encubrir el engaño.

Idealmente, las mentiras gubernamentales deberían ser vapuleadas por la población, sin embargo, no es raro encontrar que la ciudadanía prefiera la satisfacción pasajera del engaño que se muestra cómo el camino fácil y rápido a la utopía, en lugar de preferir la realidad que, aunque cruda, es un seguro camino a la realización de los ideales sociales. En ese sentido, el régimen chavista es un beneficiario de esta patológica preferencia latinoamericana por la fantasía.

El (por fin anunciado) difunto Hugo Chávez tuvo tanto éxito creando la fantasía, tan bueno fue construyendo una ilusión gratificante del socialismo bolivariano que, después de 14 años en el poder, lejos de sufrir el desgaste común al ejercicio de gobierno se va del mundo lleno de glorias y elogios provenientes de una población enajenada, a la que el dictador deja sumida en medio de una bomba de tiempo. Sin duda Chávez realizó algunas acciones favorables para estratos de la población que habían sido sitemáticamente ignorados, pero siempre lo hizo mediante una política clientelar que no garantiza la continuidad de estas acciones a largo plazo. Por muy reconfortantes que sean, todos los cuentos de hadas tienen una página final y la historia chavista no dista mucho de escribir su último párrafo.

Según la historia narrada por los aburguesados beneficiarios del chavismo, difundida por los partidarios del mismo, se supone que Venezuela es gracias a Chávez un país de grandes logros y avances. Los fans y seguidores del dictador, tanto dentro de las fronteras ‘bolivarianas’ como fuera de ellas, aplauden la supuesta reducción de la pobreza, la efectiva alfabetización de la población y particularmente celebran la imaginada confrontación con Estados Unidos de América.

Lamentablemente la cultura latinoamericana está tan marcada por el intervencionismo estadounidense y sigue tan obstinada con el mundo pre-caída del telón de acero, que cualquier trasnochado que hable mal del “imperio” o que se autodenomine de ‘izquierda revolucionaria’ se vuelve en automático paladín de la justicia, mártir del socialismo.

La fantasía social

En nombre de la revolución se justifican todos las acciones y omisiones del chavismo. A Chávez le bastó decir “aquí huele a azufre” para que se olvidasen los excesos cometidos desde el poder por él y su grupo en contra de civiles. Abusos que han sido claramente documentados por asociaciones reconocidas internacionalmente como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Al dictador  le bastó decir que todos, absolutamente todos los males de la humanidad (incluyendo la demencial acusación sobre el terremoto en Haití) son culpa de Estados Unidos para que sus fans olvidasen el hostigamiento a medios críticos, la persecución de disidentes y el abandono de Venezuela de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; esa misma corte a la que algunos de los chavistas mexicanos han recurrido para denunciar violaciones y abusos de la “derecha” en México.

Alegando el discurso socialista se justifican todas las contradicciones de la Venezuela de Chávez, incluyendo la vigencia de la propiedad privada en un régimen supuestamente de izquierda revolucionaria.

El socialismo (sic) venezolano ha creado y apoderado a una élite que vive en medio de lujos en un país donde muchos productos escasean (gracias a la pérdida de capacidad productiva). Personajes como Elena de ChávezTarek El Aissami o Diosdado Cabello son claros ejemplos de enriquecimiento a costa del erario público y de la enorme corrupción gubernamental. No hay índice en el que Venezuela no aparezca en los primeros cinco lugares de corrupción mundial, incluso por encima de México.

La familia del presidente, que antes de su llegada al poder pasaba grandes penurias económicas, hoy vive en la abundancia. En Barinas, su estado natal, los pobladores los llaman la “familia real”. La casa natal de Hugo Chávez está hecha de cañas, es baja y tiene pisos de tierra. Hoy, disfrutan de “La Chavera”, una finca de 600 hectáreas, cuyo valor se estima en 800.000 dólares”. Olga Wornat

La personalización del Estado en Chávez y la continua retórica populista, han provocado un grave socavamiento de las Instituciones públicas. Mismo que se traduce en graves índices de criminalidad. Desde 1999 se han producido 150.000 muertes violentas. Tan sólo en Caracas se tiene una tasa de 108 homicidios por cada 100.000 habitantes, lo que la convierte en la capital más peligrosa del continente Americano.

Basta ver los resultados de una de las victorias más “cantadas” de Chávez, la alfabetización, para derribar el cuento social de hadas. Si bien todo parece indicar que en esa área Venezuela ha logrado avances superiores a otras naciones y aún si concedemos el privilegio de la duda a la estadística oficial, la alfabetización ciertamente no se ha traducido en desarrollo científico, tecnológico o económico. Si revisamos la estadística de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, nos encontramos que durante la primer década del siglo, mismo periodo en que el petroleo llegó a cotizarse a su punto más alto y dentro del periodo en que se supone fue erradicado el analfabetismo, Venezuela pasó de registrar 65 patentes en 2000, a tan sólo 90 en 2011 (más del 38%). Resulta paradójico que en ese mismo periodo países de los que se quejan los Chávezfans, muestren mejores cifras: México pasó de 763 registros en 2000 a 1,863 en 2011 (+143%); Colombia que tuvo 79 patentes en 2000, registró 386 en 2011 (+388%); y el “malvado imperio” aumentó en un 54% el número de sus patentes anuales (280,456 patentes en 2000 y 432,298 en 2011). No digo que alfabetizar sea un error, pero queda claro que sin una política de Estado comprometida con el desarrollo real, enseñar a leer es simple demagogia. Afirmación que se confirma al ver la constante fuga de talentos iniciada por el chavismo.

La fantasía económica

Después de 14 años de ‘revolución’ la estadística oficial presume una supuesta reducción de la pobreza del 40% Sin embargo, esta reducción es falsa pues se trata de un espejismo provocado por los cuantiosos subsidios que el gobierno da a una amplia gama de productos (desde frutas hasta electrodomésticos). Gracias a los subsidios pagados con rentas petroleras los venezolanos pobres tienen mejor pero ficticia capacidad adquisitiva. En cuanto los subsidios desaparezcan, ellos despertarán de golpe a la realidad de sus ínfimos ingresos pero con la agravante de que sus pocas monedas valdrán menos de lo que valían al inicio del chavismo, ya que Venezuela tiene la mayor inflación de la OCDE (al rededor del 20% anual) y el bolívar se devalúa a una media anual de 17%. Sin subsidio, la clase media pasará de inmediato a ser pobre y los pobres a miserables.

Para mantener los amplios programas sociales, que lejos de reducir la pobreza han sólo contribuido a fortalecer las redes clienterales que aseguran el triunfo electoral del chavismo, el gobierno venezolano ha cuadruplicado la deuda externa, que al cierre de 2012 representa el 25% del PIB del país. Todo ello pese a que Chávez tuvo la suerte de vivir una época de bonanza petrolera: al inicio de sus múltiples periodos, el dictador vendía el barril a menos de $20 dlls la unidad, en cambio, en 2008 llegó a venderlo hasta en $120 dlls y aún así, Caracas sólo se parece a Dubai en que ambas registran altos ingresos petroleros.

Al igual que la reducción de la pobreza, el combate al desempleo también es una ilusión.  Casi el 50% de las empresas privadas en Venezuela han desaparecido desde el inicio del ‘bolivarismo chavista’. De las empresas que sobreviven, una séptima parte han sido intervenidas por el Estado, expropiadas o adquiridas por la fuerza sin dar indemnización alguna. La tercera parte del parque industrial nacional ha sido destruida,- Con lo cual la producción textil, automotriz, de calzado y hasta de alimentos, está en plena caída. Lo cual explica la imperiosa necesidad del régimen por comprar productos importados de primera necesidad que tienen que ser subsidiados para su consumo interno.

Es evidente que la única forma de generar empleo, al mismo tiempo que se reduce la producción, es mediante el engrosamiento de la burocracia. Con Chávez la nómina estatal ha crecido en un 150%. En 14 años Venezuela pasó de tener 14 ministerios a 29. Para muestra basta un botón: Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), paraestatal de la que depende el 80% de los ingresos del régimen, aumentó su nómina de 15,000 trabajadores en 1998 a 32,000 en 2012 y al mismo tiempo que redujo su producción de 3.5 millones de barriles diarios en 1998 a 2.4 millones de barriles en la actualidad. Así, en cuanto el precio de petróleo disminuya o las ventas venozolanas se reduzcan, el gobierno no podrá mantener el gasto en burocracia y miles de personas volverán a estar desempleadas en un dos por tres.

El duro despertar

Venezuela importa cerca de dos terceras partes de los productos que se consumen en el país. En cambio, el 95% de sus exportaciones son petróleo crudo. La economía venezolana depende tanto de los ingresos petroleros que bastaría con que el precio del barril baje (como ya ha pasado) o que las ventas al exterior disminuyan, para que toda la revolución (sic) se venga a bajo.

La capacidad productiva está por los suelos, si las divisas petroleras se ausentan, Venezuela no tendrá forma de sustituir ese ingreso mediante otras fuentes. Cuando esto suceda, el despertar de la ciudadanía venezolana será muy doloroso.

Los optimistas de la revolución podrán decir que basta con que el precio del energético negro se mantenga por encima de los $70 dlls y que un escenario de escasez de ventas es muy poco probable porque siempre hay demanda. Además, dirán que las reservas petroleras de Venezuela son amplías y bastan para muchas décadas de despilfarro. Sin embargo, olvidan un importante detalle: la mitad de la producción petrolera venozolana va a parar al mercado estadounidense. Es decir, aunque Chávez se llenó la boca vituperando al “imperio”, la realidad es que la revolución “socialista” (sic) se paga en dólares norteamericanos.

Los mismos billetes que fondearon la guerra en Irak, tan criticada por el dictador, son los mismos que fondearon las reelecciones de Hugo. Es más, los vehículos revolucionarios se mueven con gasolina norteamericana debido a que Venezuela no tiene la capacidad de refinar toda la gasolina que necesita para subsistir.

Por supuesto, Estados Unidos necesita ese petroleo (mismo que paga a buen precio) y Venezuela no representa ni de lejos una amenaza para el poderío estadounidense. De allí que las múltiples declaraciones y ataques de Chávez fuesen indiferentes a la opinión pública y al gobierno norteamericano, pues en estricto sentido, con Chávez o sin él, la relación bilateral sería la misma: A EUA sólo le interesaría que se mantenga el flujo de petroleo y la incapacidad Venezolana de ser un competidor regional. Para que las cosas sigan igual sólo hace falta la voluntad de Maduro de seguir cobrando en dólares y de mantener a Miraflores alejado del Palacio Verde. 

Sin embargo, aunado a la cada vez mayor incapacidad de PDVSA para operar, la crisis económica mundial ha planteado cambios a la política energética estadounidense. Desde diciembre del año pasado está claro que el objetivo de reducir la dependencia de Estados Unidos del crudo extranjero va en serio.

EUA está incrementando rápidamente la producción de energía, en un par de años eso va a cambiar el equilibrio de fuerzas en el mercado, y si esta política se mantiene en la próxima administración, en 2020 Norteamérica producirá tanto petróleo como Arabia Saudita. No nos extrañemos si en un par de años, disminuye la compra de petroleo venezolano por parte de los norteamericanos. Es también una advertencia para nuestra mexicana economía petrolizada.

Si Venezuela no consigue mejores compradores que sustituyan a Estados Unidos, se quedará sin la solvencia necesaria para mantener la demagogia revolucionaria. Es más, aún cuando consiga otro comprador, que bien podría ser China, es de esperar que con la entrada al mercado de un nuevo competidor se reducirá en los próximos años el precio del barril.

Finalmente, incluso si la economía no sea lo que acabe con el régimen, las tensiones sociales no ligadas al hambre siempre se pueden salir de control en un país donde las instituciones son tan débilesNo cabe duda, sea como sea, la ilusión, la fantasía creada por Chávez llegará, más temprano que tarde a su fin.

Actualización (Febrero 28, 2015): Todo indica que la predicción es cierta: pronto vendrá el duro despertar.  Hoy Venezuela reporta una una deuda equivalente al 52% del PIB, inflación cercana al 100% y un decrecimiento del 3% en la economía "bolivariana".    Tristemente para el pueblo venezolano, ni el endurecimiento de la represión ni la invocación de fantasmas intervencionistas evitarán la caída del régimen. Pero lo difícil no será eso, lo verdaderamente doloroso será construir una nueva Venezuela después del fatídico legado de Chávez. Insisto: bien sirva la experiencia de nuestros vecinos latinoamericanos para no repetir sus errores.