Reminisciencia amatoria

Hace apenas un momento que desperté. Mi memoria aún juega con mis sentidos, me hace percibir el olor de su cabello que está ausente y el calor de su piel que tanto se extraña en las noches como ésta. Noches en que mi sudor permanece fresco y me hace titiritar en el frío de la madrugada.

Sólo nos vimos una vez, únicamente estuvimos juntos unas horas, y aún así, a cuatro años de distancia y sin saber nada el uno del otro, su recuerdo es todavía capaz de tomar por asalto mis sueños y estremecerme al punto de despertar pensando su nombre.

Pocas veces he compartido esta historia, y a decir verdad, no estoy seguro de la conveniencia de publicarla porque no es mi intención ofender o menoscabar ni a las morales sensibles ni a las mentes cortas que se aferran al medievo. Sin embargo,  mi visitante nocturna me solicitó en sueños que escribiera nuestra historia y no encuentro manera de negarme a petición de semejante naturaleza. Claro, la representación onírica de M. no habló sobre publicar lo que vivimos aquel lejano julio, pero ya dispuesto a escribir en plena madrugada, ¿qué sentido tendría no hacerlo?

Nos conocimos en la estación de tren de Zurich. Era verano y pese a lo avanzado de la tarde el clima era confortable. Ella y sus compañeros mataban el tiempo sentados en el suelo junto a sus grandes mochilas; justo debajo del juego de luces que corona el vestíbulo. A la distancia les reconocí su condición de Scouts, la pañoleta de uno de ellos les delataba.

Me acerqué sonriendo y me presenté mostrando la seña Scout. Ellos respondieron alegremente y fueron muy sociables  ¡A la altura de la hermandad Scout internacional! Me contaron que regresaban de acampar en el Kandersteg (uno de los campos Scout más famosos del mundo), lo cual me causó envidia. ¡Cómo me habría gustado aprovechar la cercanía geográfica para ir a conocerlo! Lamentablemente mi presupuesto era justo y aún tenía que llegar a Viena.

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Cortesía de: www.panoramio.com/photo/43616521

Como muchos extranjeros, sólo habían escuchado pocas cosas sobre México y la mayoría de ellas versaba sobre la delincuencia, por lo que para ellos yo era una especie de “sobreviviente de guerra” y prestaban mucha atención a mis palabras. ¡Así de distorsionada es la imagen que tienen de nosotros! Sin embargo, lejos de molestarme, esta situación me beneficiaba ya que ella mantenía fijos sus ojos claros, hermosos, sobre mi rostro.

No sé si le gusté a ella tanto como ella a mí, pero me queda claro que el sentimiento era recíproco y evidente ante sus compañeros. Conversando mencionó que -¡oh fortuna!- ellos también se dirigían a Viena. Aunque su destino final era Baden no había motivo alguno para no viajar juntos. Corrí a la taquilla a comprar mi boleto para el último tren de la noche. Evidentemente no había lugares en el camarote de ellos pero ese era un detalle menor que sería fácilmente solucionado.

Abordamos el tren poco después de caer la noche. Consumimos dos de las nueve horas de viaje bromeando y compartiendo historias. ¡Qué suerte ser Scout en aquella región! ¡Tantos lugares en los que incursionar y acampar! En algo ellos tienen razón: la delincuencia ha venido a fastidiar al Escultismo mexicano.

Inevitablemente llegó la hora de dormir y amablemente ellos me ofrecieron quedarme en su espacio. Dormiríamos un poco más apretados pero yo no tendría que ir a molestar a los pasajeros de mi camarote que seguramente daban por desocupado mi lugar y ya lo habrían utilizado. Con la complicidad tácita de todos, ella y yo terminamos durmiendo uno junto al otro. Yo del lado de la pared, luego ella seguida de la otra chica que les acompañaba y finalmente los otros varones del grupo.

Transcurrió tal vez una hora desde que apagamos las luces. Era seguro que ya todos dormían y entonces ella acercó su cuerpo al mío. Le abracé, y con lentitud nos buscamos en las sombras hasta que nuestros labios encontraron la tibieza del otro. Fue un beso silencioso y largo, encantador. Sostuve con mis manos su cabeza, entrelacé mis dedos entre sus cabellos castaños y le observe con la poca luz que se filtraba desde la ventana ¡En verdad era hermosa! Le seguí besando mientras le acariciaba el rostro y el cuello, su suave cuello. Ella respondía mis caricias y nuestros besos se hacían cada vez más intensos. Recorrí con mis manos su costado hasta llegar a su cadera, me posé ahí titubeante por un segundo y ella me besó con pasión mientras acariciaba mi espalda. Decidí entonces aventurarme debajo de la tela. Exploré su geografía, desde su vientre hasta sus senos, luego sus hombros, la espalda baja, las nalgas… ¡oh, sus nalgas!

Beso tras beso y caricia tras caricia nos despojamos sigilosos de nuestras prendas superiores. Pude sentir los rápidos latidos de su corazón palpitando junto al mío. El tacto con su piel envuelta en oscuridad refería a mi mente la imagen desnuda de su corta juventud. A través de mi cuerpo podía ver los suaves trazos de su delgada figura. Su piel con la mía dibujaba en mi mente la líneas curvas de sus novicios pechos, de su pequeña cadera, de sus nalgas generosas y de sus piernas largas y de sutil pero bello contorno. Mientras pincelaba con mi piel su retrato, ella hacía lo propio con el mio: con suave roce sus uñas jugueteaban acercándose a mi sexo erecto sin llegar a él, aproximándose y alejándose continuamente. ¡La excitación me invadía y clamaba por arrancarle las estorbosas prendas restantes! ¡Mi virilidad exigía poseerla! pero el sueño de nuestros inoportunos acompañantes nos obligaba a sosegar nuestros instintos, a mantener el mayor silencio posible, a permanecer en secreto.

Bajé en besos por su cuello y probé afanoso sus senos. Su respiración aumentó sustancialmente y sentí el ligero vaivén de su entrepierna abrazada a mi muslo izquierdo. Apenas tardó en asir con su mano mi miembro erecto para frotarle placenteramente, cuando mis dedos ya le penetraban. Varios fueron los minutos en que nos conocimos en silencio. Embriagado en gozo jugué con su clítoris calado en dicha, nos masturbamos mutuamente hasta que nuestros cuerpos temblaban desbaratándose en ansiosa… ¡no, rabiosa excitación!

 Le supliqué susurrando que girara para que me diese la espalda, no pude evitar pensar en la probabilidad de que los otros despertaran. Involuntariamente mi imaginación consideró la posibilidad de que silenciosos se limitaran a vernos absortos o ¿por qué no? quizá hasta se sumasen participativos a nuestras faenas amatorias. ¡Dichos pensamientos no hicieron otra cosa mas que aumentar mi excitación! Bajé presurosamente el pantalón pijama que me impedía penetrarla y en un movimiento clavé entre sus ardientes pliegues mi virilidad. Aunque su empapado cuerpo me recibió dócilmente, ella no pudo evitar emitir una ligera y satisfecha onomatopeya que pronunció con tal volumen, que nos obligó a detenernos por un par de segundos para escrudiñar la oscuridad, buscando cualquier indicio de ser observados. Como parecía no haber ningún indiscreto espía, continuamos nuestras faenas en exquisito balanceo. Pero preocupados por generar el menor ruido posible, tratamos de mantener nuestros arrebatos en una lentitud abrasadora, más propia de los sigilosos ladrones nocturnos que de los amantes libres. Sin embargo, el deleite pronto nos embelesó y ensimismados uno en el otro, en ambos, dejamos de preocuparnos excesivamente del mundo y de sus consecuencias.

Jugueteaba ya por el filo de aquel profundo precipicio que es el éxtasis, esforzándome por postergar la cúspide del placer, cuando la luz de una farola que dejaba atrás el tren, me mostró los ojos abiertos de nuestra acompañante, que a pocos centímetros de distancia de su rostro, seguía a detalle los gestos de mi enamorada. ¡Inmediatamente sobrevino la muerte! Luego un momentáneo desvanecimiento rápidamente interrumpido por las intensas y poderosas ‘caricias’ del orgasmo femenino…  Fueron entonces las miradas profundas, las palabras bellas, los besos tiernos, la respiración satisfecha, la plenitud que se encuentra en el abrazo que mantiene los sexos unidos mientras el sueño se apodera lentamente de los amantes.

Ellos tenían sólo unos pocos minutos para transbordar y tomar el último tren de su recorrido, así que en cuanto llegamos a Viena nos despedimos manteniendo un silencio cómplice y agradecido con la voyeur.  Yo me quedé esperando la fecha del vuelo de regreso a México.

 

LO AQUÍ ESCRITO NO REFLEJA NI EXPRESA NECESARIAMENTE EL PUNTO DE VISTA DE LA ASOCIACIÓN DE SCOUTS DE MÉXICO A.C NI DE ALGUNO DE SUS INTEGRANTES U ÓRGANOS.