Juventud ¿divino problema?

Tarde de mayo en viernes. Un grupo de jóvenes llama la atención de las fuerzas del orden que les rodean a razón de un oficial por la izquierda, dos por la derecha y uno, el de mayor rango, por el centro. Se trata de 11 jóvenes que se han reunido en Santa María la Ribera en la Ciudad de México para celebrar una fiesta a unas pocas cuadras del kiosko Morisco.

Según me relata Luis (15 años), el oficial al mando preguntó con tono innecesariamente agresivo por “el adulto responsable” y ante el silencio de las y los jóvenes lo sujetó del brazo para exigirle una respuesta. Desde luego, los ánimos se crisparon.

– ¡Pinche escuincle! Responde cuando te hablo.
– ¡Suéltame! ¡No estoy haciendo nada!
– ¡Respeta a la autoridad!
– ¡Pinche puerco! ¡Suéltalo!

Entonces los supuestos guardianes de la ley cerraron más el cerco. Con una mano en el tolete y la otra a la altura de los rostros de los jóvenes los obligaron a replegarse hacia una jardinera. Un acto de intimidación innecesario e injustificado; una maniobra destinada a obtener el control de la situación para ofrecer oportunidad a la corrupción.

– Insultar a la autoridad es un delito grave y si siguen tendremos que  remitirlos. ¡Seguro sus padres van a estar felices de pagar las multotas! ¿Verdad que no será necesario llegar a tanto?

Víctima del miedo y desconocedor de los tradicionales mecanismos de extorsión policíaca, Mauricio, de 14 años y fornido practicante de fútbol americano, liberó a Luis empujado  al policía de cincuenta y tantos años de tal forma que le hizo perder el equilibrio.

Con el principal en el suelo, el tiempo aceleró su curso. Mientras que los gendarmes de la derecha alzaban sus toletes, Laura (17 o 18 años) pateó los genitales del agente de la izquierda creando una salida por la que escaparon corriendo.

La persecución fue breve. Después de rodear el kiosko de la plaza y a punto de cruzar Dr. Atl, una anciana se interpuso en el camino de los policías y con el cobijo de una naciente multitud de curiosos atraídos por los gritos, hizo frente a los enfurecidos acosadores.

– ¡Dejen a los niños en paz! ¿Qué traen contra ellos?
– ¡Quítese señora que son delincuentes!
– ¡Ningún delincuente! Si te llevas a alguien va a ser a mí.

El peso de las miradas, y en especial de las cámaras de celular, hizo desistir a los oficiales de sus intenciones. Fue un día de suerte en la difícil relación que usualmente mantienen policías y jóvenes.

Y aunque el hecho de que la policía, una institución tradicionalmente abusiva y en la que se privilegia la supuesta experiencia por sobre la capacidad [1], sea incapaz de comprender a la juventud [2] no sorprende, lo cierto es que el poco entendimiento hacia las y los jóvenes es un mal generalizado.

La sociedad mexicana mantiene una prejuiciosa ambigüedad respecto a las juventudes. Mientras que públicamente se aplauden los discursos que exaltan sus virtudes, en la práctica se menosprecia y limita las capacidades de las y los jóvenes, y se disminuye su autonomía desde un paternalismo proteccionista injustificable.

La experiencia de Luis es uno de muchos ejemplos que dan cuenta de esta realidad. Los jóvenes bajo mi responsabilidad en la Asociación de Scouts de México A.C. y los alumnos de mi clase en la UNAM me han permitido coleccionar una amplia gama de anécdotas similares. Yo mismo y seguramente cualquier persona, puedo encontrar en mi biografía situaciones de discriminación y/o limitación artificial de mi potencial debido a mi edad.

Esta es la primera entrada de una serie de textos en los que explicaré con mayor detalle estas ideas.

NOTAS:

[1] La Convocatoria para la promoción general de ascensos de 2016 de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México establece que para acceder al cargo de subinspector basta tener el bachillerato concluido pero también se exige una antigüedad de al menos 15 en la Secretaría. En el caso de 2do. Superintendente se establece la licenciatura concluida y la increíble antigüedad de 27 años como requisitos. Cabe preguntarse si la experiencia (obtenida en una institución tradicionalmente corrupta y deficiente) es un buen augurio de las capacidades del aspirante.

[2] En México incluso se tiene dificultad para definir a la juventud. Mientras que en la mayoría del mundo se considera que ésta abarca de los 15 a los 24 años de edad, en el país el concepto se amplía hasta los 29 años. Se trata de una franja de edad tan amplia y heterogénea que resulta poco práctica para establecer políticas y programas dirigidos a la juventud. En este artículo sólo se utiliza la definición internacional.