Al calor de las campañas Vicente Fox declaró en 2000 que resolvería el conflicto en Chiapas en “15 minutos”. Tiempo después, en agosto de 2018, Durazo afirmó que no hay magia ni misterio en el combate a la inseguridad. Hoy, en octubre de 2019, queda demostrado el talante asesino de la soberbia gubernamental.

Durante una entrevista realizada el año pasado, Ciro Gómez Leyva señaló al actual Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana la evidente continuidad de la estrategia de seguridad instrumentada por Calderón y Peña en el entonces incipiente sexenio de Obrador. Como respuesta Durazo se vanaglorió afirmando que la diferencia entre ambos regímenes estaba en quiénes eran los nuevos responsables de la política pública:

“No hay una gran magia. No hay un gran misterio respecto a lo que hay que hacer para combatir la inseguridad. El problema es con quién y lo que lo hace diferente hoy al planteamiento es precisamente quiénes lo estaremos haciendo”, Alfonso Durazo.

Así como Fox no logró resolver el conflicto ni en 15 minutos, ni en seis años. A Durazo le ha llegado el momento de confrontar su ego con la realidad y los resultados han sido desastrosos. A un año de la entrevista con Ciro el país contabiliza más de 20,000 homicidios, entre los cuales tristemente resaltan las masacres de Minatitlán, Coatzacoalcos y Aguililla como preámbulo al fallido operativo del 17 de octubre en Culiacán.

El intento de aprensión del criminal Ovidio Guzmán por parte de la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano carecía de cualquier racionalidad ya que ni siquiera se contaban con una orden de aprensión que le diese legalidad. Además, la planeación adolecía de severas fallas tácticas que, sin lograr su objetivo, cobraron 8 vidas, dejaron 17 lesionados, facilitaron la fuga de 49 presos del penal local, hicieron múltiples daños a la propiedad de las personas, y ocasionaron perversas secuelas psicológicas y quizá fisiológicas como hipertensión o diabetes a la población que fue sometida al estrés de cinco horas de enfrentamientos en la vía pública. Al respecto, es rabiosamente doloroso el video de un padre convenciendo a sus hijos pequeños de permanecer tendidos en el asfalto.

No obstante, lo más lamentable del operativo no es tanto su fracaso como lo es la reacción gubernamental ante el mismo. Y es que la naturaleza de la confrontación al crimen organizado es de tal forma que si bien hemos presenciado estrepitosas derrotas como el derribo de un helicóptero militar en mayo de 2015, también han ocurrido extraordinarios éxitos como la reciente captura de 31 delincuentes sin haber accionado las armas en el centro de la Ciudad de México. Por lo que, en efecto, aunque es grave lo sucedido en Culiacán, resulta espeluznante la respuesta frente el error porque nos condena a su repetición. ***

Lejos de servir como punto de inflexión y de aprendizaje para la nueva administración, el desastre de Culiacán nos da cuenta de la intoxicación arrogante que aqueja el juicio de Durazo. El mismo día de los enfrentamientos improvisó un engaño para salvar la fragilidad de su ego.

En compañía de los titulares de SEDENA (General Sandoval), MARINA (Comandante Ojeda), Guardia Nacional (Comandante Bucio) y del Centro Nacional de Inteligencia (General Audomaro), Alfonso Durazo sínicamente mintió a la nación al declarar que todo fue una desafortunada casualidad y nunca un operativo mal diseñado:

 “Una patrulla integrada por 30 elementos de la Guardia Nacional y SEDENA se encontraba realizando un patrullaje de rutina en el fraccionamiento Tres Ríos de la ciudad de Culiacán, Sinaloa, cuando fueron agredidos desde una vivienda. El personal de la patrulla repelió la agresión y tomó control de la vivienda, localizando en su interior a cuatro ocupantes. Durante dicha acción se identificó a uno de ellos como Ovidio Guzmán López”, Declaración oficial de Alfonso Durazo.

A la postre, el propio presidente tuvo que reconocer que sí se trató de un operativo y salir en defensa de su secretario utilizando un discurso moral con el que pretende quitar legitimidad a los críticos, pero que en realidad es un argumento inválido dadas las características del evento en concreto.

En lógica se conoce como “argumento inválido” a aquel razonamiento que se configura cuando las premisas son verdaderas pero la conclusión es falsa. Es verdad lo que dice Obrador: “ninguna vida vale la detención de un criminal”, no obstante, la premisa no tiene conexión con la conclusión. El gobierno asegura que su estrategia es correcta porque “salvaron vidas inocente” eludiendo la obviedad de que esas vidas fueron inicialmente puestas en peligro por la actuación precipitada del propio gobierno. En palabras del titular de la SEDENA:

“El grupo responsable de esta acción policíaca, en su afán de obtener resultados positivos, actuó de manera precipitada“, con deficiente planeación, así como falta de previsión sobre las consecuencias de la intervención, omitiendo además obtener el consenso de sus superiores, es decir, del Gabinete de Seguridad”, Cresencio Sandoval.

Sin necesidad el Presidente nuevamente arroja sobre sí la crítica que justamente va dirigida a sus subordinados. Y peor aún, al hacerlo Obrador está solapando la negligencia de su secretario al centrarse en el perenne cuestionamiento de la liberación del criminal y la suspensión de un operativo que nunca debió existir y que evidentemente habría dejado peores consecuencias de haber continuado por lo que no hay mérito en su cancelación prematura.

No, la discusión de fondo no es cuántas vidas no se pusieron en mayor riesgo, sino la ausencia de consecuencias para los responsables de este fracaso. De hecho, menos de la mitad de la población nacional y menos de la tercera parte de la población en Sinaloa discuten la liberación del criminal. En cambio, la mayoría de la población criticamos la pésima actuación de las autoridades.

Aunque Durazo ha declarado que está dispuesto a “asumir la responsabilidad” del operativo, son palabras vanas ya que a la fecha no existe ninguna consecuencia que “asumir” y también ha negado la posibilidad de renunciar a su puesto. Muy al contrario, la defensa en cascada del partido MORENA reclamando en redes sociales la supuesta “mezquindad” de quienes lamentamos el operativo y llamando a “la unión nacional” no hacen sino apuntalar a piedra y lodo la soberbia de Durazo.

Si la cuarta transformación realmente desea hacer las cosas diferente tiene muchas tareas por delante, por ejemplo: plantear una verdadera desmilitarización de la lucha al crimen organizado, pero bien podría empezar por mandar un mensaje al resto de funcionarios responsables de la seguridad nacional: no tienen permitido fallarle al pueblo de México.

Alfonso Durazo debe ser removido de su puesto, no tanto por ejecutar mal un operativo sino por su proclividad casi infantil para mentir con el objetivo de eludir las consecuencias de sus actos y su renuencia para aprender de sus errores. Sencillamente, una personalidad así no puede estar a cargo de 58 mil personas armadas.

*** Actualización 25 de octubre de 2019: Con indignación recibo la noticia de que el operativo que elogié parece haber sido un montaje en el que 27 personas fueron detenidas arbitrariamente. El juez de control determinó que la versión de sus detenciones es inconsistente, inexacta e inclusive irreal por lo que ordenó su liberación. Es una situación que empobrece aún más la poca fe en las instituciones y nos lleva a exigir castigo y no repetición.