Encuestas II: ¿Cómo saber cuál es buena?

By |2018-06-09T09:46:31+00:00junio 9, 2018.|Democracia y Derechos Humanos, Uncategorized|

En época electoral hay 7 cosas en las que debes prestar atención para saber si los resultados de la encuesta son confiables:

1) El tamaño de la muestra: Muchas personas se sorprenden que en las encuestas se pregunten a un puñado de personas y se extrapolen los resultados a 89 millones de electores. Pero como vimos en otro artículo ello es posible gracias a la capacidad de la estadística y la probabilidad.

Recordando lo mencionado el post anterior, y asumiendo que electorado nacional estuviese distribuido de manera homogénea en todo el territorio nacional, podríamos utilizar la formula general de los ejemplos citados  y obtener una muestra mínima de: 1,068 personas consultadas en todo el país.

Atención, como esa es una cifra calculada para un escenario ideal, podemos esperar que las encuestadoras utilizarán otras muestras, pero nunca una más pequeña que 1,068.

2) La metodología: Es imposible confiar en una “encuesta” que no comparte explícitamente su metodología. Los datos fundamentales que deben expresar son:

  • el porcentaje de confianza (que siempre debe ser mayor a 90%);
  • el margen de error (que no debe sobrepasar el 5%); y
  • el método de muestreo (que para el caso nacional debería ser estratificado y por conglomerados).
  • la tasa de rechazo y de indeterminados (las encuestas que no distinguen las respuestas claras de los “no sabe” o “no contesta” contaminan los porcentajes totales).

Al revisar la metodología, revisa que los porcentajes de los indecisos o los que no piensan votar estén separados del resto de respuestas.

También recuerda que las personas encuestadas deben pertenecer a distintas ubicaciones geográficas, edades, grupos socio económicos e identidades sexo-genéricas. Las encuestas que se realizan en grupos poblacionales específicos como: “estudiantes universitarios”, “amas de casa”, “seguidores de facebook” o “usuarios de transporte público”, si bien los resultados son útiles para estudios específicos, no sirven para predecir resultados electorales nacionales o de Entidades federativas completas.

Por ese mismo movtivo no son confiables las encuestas vía telefónica porque se concentran en zonas urbanas en las que la mayoría de los votantes tienen el líneas telefónicas en casa. Para candidatos locales a diputaciones o alcaldías de zonas urbanas es útil, pero para la presidencial son mejores las encuestas hechas a pie de domicilio.

 

3) El patrocinador: Es bien sabido que el que paga, manda. Conocer quién financió la encuesta es un indicador muy importante de la confiabilidad de los resultados, ya que el contratista podría tener el deseo de influir en la opinión del electorado aumentando o disminuyendo artificialmente la aceptación de un candidato en específico.

Aquellos encuestadores que viven de su prestigio, cuidarán más su objetividad que aquellos que tienen ingresos independientemente de su imparcialidad.

Como regla general, son más confiables las encuestas pagadas por medios de comunicación de larga trayectoria y de alcance nacional que las de pequeñas agencias locales.

 

4) la temporalidad: las encuestas son “fotografías” que muestran el sentir de la población en el momento en que fueron hechas. Si levantar una encuesta toma más de cinco días, los resultados estarán contaminados pues la opinión de las personas varía con el tiempo, y lo hace especialmente rápido en época de campañas.

Regularmente es mejor preferir las encuestas más recientes y  cuya muestra se levantó más rápidamente.

 

5) La legalidad: La mayoría de las personas no lo sabe, pero las encuestas electorales están reguladas a nivel federal por la Constitución (Art. 41); la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (Art. 213, 251 y 252); la Ley General en Materia de Delitos Electorales (Art. 7) y el Reglamento de Elecciones (Del Art. 132 al 148); así como por la normatividad local en cada Entidad.

Además, las principales casas y agencias han establecido estándares y buenas prácticas para la realización de encuestas, mismos que se pueden consultar en la Asociación Mexicana de Agencias de Inteligencia de Mercado y Opinión Pública A.C. (AMAI). Como regla general: Son más confiables las encuestas realizadas por algún socio de la AMAI que las de otros actores.

Todas las encuestas formales reportan ante el INE su metodología y un informe de gastos de la aplicación de las mismas.

 

¿Las encuestas predicen el futuro?

No. Las encuestas no son bolas de cristal que garanticen lo que va a suceder porque la medición de las opiniones es un proceso complejo y, además, estás pueden cambiar. Sin embargo, conforme se acerca la fecha de la elección, las encuestas casi siempre atinan a los resultados finales.

De hecho, desde las primeras encuestas electorales realizadas en México (en 1988), las grandes encuestadoras han atinado el resultado final con un promedio de +/-4 puntos de diferencia; lo cual es acorde a los resultados obtenidos en la mayoría de los países con larga tradición democrática.

No obstante, hay que tener particular cuidado con la lectura que se hace de una encuesta. Dependiendo de quién revise los resultados, es posible caer en el error de resaltar los datos de tal forma que beneficie a su candidato. Eso se conoce como sesgo selectivo: normalmente vemos con mayor optimismo a nuestro favorito de lo que deberíamos. Por eso es importante acercarse a diversas opiniones para procurar mantener la propia lo más objetiva posible.

Recuerda que si una encuesta afirma que el candidato Hernández tiene 56% de las preferencias con un margen de error del 4% y una confianza del 95%. Simplemente quiere decir que, al momento de la encuesta, Hernández tenía un 95% de probabilidades de obtener entre 52 y 60% de la votación (siempre y cuando el método muestral y el levantamiento de la encuesta fuesen correctos.

En cualquier caso, es mejor según nuestro corazón y conciencia, sin dejarse influenciar por la “fortaleza” o la “debilidad” que las candidaturas presumen en los sondeos y encuestas. Aunque las matemáticas se acercan a los resultados finales, no los predicen y, en realidad, algunas pocas veces fallan rotundamente.

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