Yo nadie, tú nadie, él nadie

By |2017-12-27T07:21:29+00:00noviembre 13, 2012.|Democracia y Derechos Humanos, En voz alta|

Anoche, a eso de las 19hrs tomé un trolebús para regresar a casa, como cualquier otro medio de transporte de la ciudad a esa hora el ómnibus eléctrico iba repleto por lo que no pude avanzar mucho y tuve que quedarme de pie muy cerca de la entrada.

Después de un par de estaciones subió una mujer cuyo vientre denotaba un evidente embarazo. Ella se tuvo que colocar igualmente cerca de la entrada y muy cerca del asiento reservado, y aún así, una señora de aproximadamente 35 años que ocupaba el asiento reservado no se levantó.

Avanzamos algunos metros y al notar que ni una pedía el asiento y que ni la otra lo ofrecía, decidí solicitar a la señora que desocupara el lugar y permitiera sentarse a la mujer embarazada. Al hacer mi solicitud la próxima madre impidió que se pusiera de pie la señora y dijo:

-No señora, no se levanta… Joven está bien así- yo le respondí
– Pero está usted embarazada ¿o no?
– Sí… pero voy cerca… bajo en el metro tal – Cabe mencionar que faltaban, en el mejor de los casos, al menos unos diez minutos para llegar a ese destino.
– Sea cerca o lejos lo mejor es que se siente, debe cuidar al niño que lleva con usted – No sé si escuche mal, si fue la vergüenza que sentía la mujer o si en efecto lo dijo, pero yo escuche que me respondió: “Pero no es nadie, la señora está bien así.”

Entonces un pasajero que iba sentado se puso de pie y le pidió a la embarazada que ocupara su lugar, ella finalmente aceptó y se sentó. La mujer en el asiento reservado no se movió.

Continuamente nos quejamos del mundo, nos quejamos de la injusticia y del sufrimiento, pero pocas veces hacemos algo para cambiarlo.

Si mal no recuerdo, y en este caso es posible que así sea, el autor Giovanni Sartori afirma que hay tres deberes que deberían cumplir todos los ciudadanos para construir una democracia efectiva:

1. No permitir que mis derechos sean violados,
 2. No violar los derechos de otros ciudadanos, 
3. No permitir que los derechos de otros sean violados.

Insisto, no sé si la mujer en efecto dijo: “no es nadie”, pero de ser el caso, queda así completamente explicado por qué no fue ella en primer lugar la que solicitó el asiento y luego por qué no lo quería aceptar.

Para que la escena que acabo de narrar sucediera, primero tuvo que existir una víctima que no se reconociera como ciudadana y por tanto no estuviera dispuesta a hacer valer sus derechos y que tampoco reconociera a su próximo hijo. También tuvo que haber una victimaria que no reconociera a la víctima y finalmente, varios terceros que negaran la condición de la víctima y al mismo tiempo desconocieran su propia complicidad.

Así “ninguneando” al otro y a nosotros mismos es como diariamente se cometen/cometemos miles de injusticias. Si queremos un mundo mejor más nos vale dejar de negar a los otros.

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